El
hombre, sostenido por la gracia divina, responde a la Revelación de Dios con la
obediencia de la fe, que consiste en fiarse plenamente de Dios y acoger su
Verdad, en cuanto garantizada por Él, que es la Verdad misma.
En
Cristo ha sido reconstruido cuanto estaba derrumbado. En tal sentido, los
cristianos han de poner su fuerza en la transformación de sus corazones por el
compromiso de ser fermento de reconciliación.
Ahora
pues, para comprender mejor lo que estamos poniendo a consideración suya en
relación a la respuesta del hombre a Dios y a la reconciliación con Dios,
consigo mismo, con los otros y con la naturaleza, le invito a leer detenidamente
el archivo adjunto y la lectura 3 de la Antología.
Archivo adjunto:
Capítulo tercero. La respuesta del hombre a
Dios
Creo
a)
¿Cómo responde el hombre a Dios que se revela?
El
hombre, sostenido por la gracia divina, responde a la Revelación de Dios con la
obediencia de la fe, que consiste en fiarse plenamente de Dios y acoger su
Verdad, en cuanto garantizada por Él, que es la Verdad misma.
b)
¿Cuáles son en la Sagrada Escritura los
principales modelos de obediencia en la fe?
Son
muchos los modelos de obediencia en la fe en la Sagrada Escritura, pero
destacan dos particularmente: Abraham, que, sometido a prueba, «tuvo fe en
Dios» (Rm 4, 3) y siempre obedeció a su llamada; por esto se convirtió en
«padre de todos los creyentes» (Rm 4, 11.18). Y la Virgen María, quien ha
realizado del modo más perfecto, durante toda su vida, la obediencia en la fe:
«Fiat mihi secundum Verbum tuum - hágase en mi según tu palabra» (Lc 1, 38).
c)
En la práctica ¿qué significa para el hombre creer en Dios?
Creer
en Dios significa para el hombre adherirse a Dios mismo, confiando plenamente
en Él y dando pleno asentimiento a todas las verdades por Él reveladas, porque
Dios es la Verdad. Significa creer en un solo Dios en tres personas: Padre,
Hijo y Espíritu Santo.
d)
¿Cuáles son las características de la fe?
La
fe, don gratuito de Dios, accesible a cuantos la piden humildemente, es la
virtud sobrenatural necesaria para salvarse. El acto de fe es un acto humano,
es decir un acto de la inteligencia del hombre, el cual, bajo el impulso de la
voluntad movida por Dios, asiente libremente a la verdad divina. Además, la fe
es cierta porque se fundamenta sobre la Palabra de Dios; «actúa por medio de la
caridad» (Ga 5,6); y está en continuo crecimiento, gracias, particularmente, a
la escucha de la Palabra de Dios y a la oración. Ella nos hace pregustar desde
ahora el gozo del cielo.
e)
¿Por qué afirmamos que no hay
contradicción entre la fe y la ciencia?
Aunque
la fe supera a la razón, no puede nunca haber contradicción entre la fe y la
ciencia, ya que ambas tienen su origen en Dios. Es Dios mismo quien da al
hombre tanto la luz de la razón como la fe.
«Cree
para comprender y comprende para creer» (San Agustín)
Creemos
a)
¿Por qué la fe es un acto personal y al
mismo tiempo eclesial?
La
fe es un acto personal en cuanto es respuesta libre del hombre a Dios que se
revela. Pero, al mismo tiempo, es un acto eclesial, que se manifiesta en la
expresión «creemos», porque, efectivamente, es la Iglesia quien cree, de tal
modo que Ella, con la gracia del Espíritu Santo, precede, engendra y alimenta
la fe de cada uno: por esto la Iglesia es Madre y Maestra.
«Nadie
puede tener a Dios por Padre si no tiene a la Iglesia por Madre»
(San
Cipriano)
b)
¿Por qué son importantes las fórmulas de
la fe?
Las
fórmulas de la fe son importantes porque nos permiten expresar, asimilar,
celebrar y compartir con los demás las verdades de la fe, utilizando un
lenguaje común.
c)
¿En qué sentido la fe de la Iglesia es
una sola?
La
Iglesia, aunque formada por personas diversas por razón de lengua, cultura y
ritos, profesa con voz unánime la única fe, recibida de un solo Señor y
transmitida por la única Tradición Apostólica. Profesa un solo Dios -Padre,
Hijo y Espíritu Santo- e indica un solo camino de salvación. Por tanto,
creemos, con un solo corazón y una sola alma, todo aquello que se contiene en
la Palabra de Dios escrita o transmitida y es propuesto por la Iglesia para ser
creído como divinamente revelado.
(Tomado
del Catecismo de la Iglesia Católica)